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VERA MAKAROV
en
“Ellas Lideran”
Una serie de artículos para inspirar y empoderar a mujeres en todas las etapas de su vida.
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Hay perfiles que destacan por su trayectoria. Y hay otros que obligan a replantear la forma en la que entendemos los negocios.
Hablar con Vera Makarov no es una conversación sobre carrera. Es una conversación sobre criterio, toma de decisiones y manejo de incertidumbre.
Vera es fundadora de múltiples startups, ex Co-CEO de Apli, empresa adquirida por un jugador global, consejera independiente en organizaciones como PepsiCo, inversionista y hoy estratega en inteligencia artificial y futuro del trabajo. Pero su diferenciador no está en los cargos, sino en la forma en la que piensa.
Definirse como “rusa, gringa, chilanga” podría parecer una frase ligera, pero en su caso es una forma de operar. Nació en la Unión Soviética, creció en Estados Unidos y construyó su carrera en Europa y México. Tres contextos que no solo son geográficos, sino culturales, económicos y estructurales. Esa combinación no la llevó a encajar en un sistema determinado, sino a desarrollar algo mucho más valioso: la capacidad de moverse entre sistemas, entenderlos rápido y tomar decisiones donde otros todavía están tratando de leer el entorno.
“Lo que yo intento hacer es tomar lo mejor de cada cultura y ver cómo me adapto.”
Desde muy temprano, su relación con el trabajo fue distinta. “Nunca dudé que iba a trabajar”, dice. No desde una narrativa aspiracional, sino como una realidad asumida. Esa base eliminó fricciones internas que muchas veces condicionan carreras completas y le permitió enfocarse en lo importante: aprender a competir, aprender a decidir y aprender a construir.
Su paso por Harvard reforzó ese mindset. No por el prestigio, sino por el tipo de pensamiento que desarrolló. “Te enseñan a pensar, a buscar información y a tomar decisiones bajo incertidumbre.” Y esa frase termina siendo clave para entender todo lo que vino después.
Porque si algo define a Vera, no es solo la disciplina o la ejecución. Es su forma de elegir.
“No es solo trabajar. Es qué problema escoges.”
En un mundo donde el esfuerzo se glorifica, su enfoque es incómodo pero preciso: el error más caro no es fallar, es invertir años en un problema que no vale la pena resolver.
“Crear una empresa es un commitment de una década. Si escoges mal, es el peor error que puedes cometer.”
Antes de construir lo suyo, pasó por una etapa que cambiaría su forma de operar. Rocket Internet. Un entorno donde la ejecución no es opcional y donde las ideas valen lo que logras llevar a mercado. Ahí entendió algo que marcaría su carrera.
“El Excel aguanta todo, pero la vida real no.”
Equipos, clientes, producto, operación. La fricción no se gestiona en teoría. Se resuelve ejecutando. Ese aprendizaje no solo le dio herramientas, le dio velocidad y claridad sobre el costo real de cada decisión.
En 2016, junto con su esposo, lanza Apli con una tesis concreta: resolver uno de los problemas más ineficientes a nivel mundial, la atracción y retención de talento operativo. No desde el análisis, sino desde la experiencia directa.
Pero como suele pasar en las historias reales de emprendimiento, lo decisivo no fue la idea, sino el recorrido.
El modelo inicial enfrentó barreras regulatorias, fricciones del mercado y decisiones complejas desde el inicio. A esto se sumaron variables personales que rara vez se abordan con claridad: maternidad, presión financiera, desgaste acumulado.
Y lejos de ser un obstáculo, la maternidad se volvió una ventaja operativa.
“Ser mamá me hizo mejor profesionista, porque te obliga a priorizar.”
Esa es quizá una de las reflexiones más relevantes de su historia. No se trata de balancear, sino de optimizar. “Primero eliminas. Si no suma, no entra. Si no es esencial, se va.” Mientras muchos ejecutivos buscan hacer más, ella aprendió a hacer menos, pero mejor. A tratar su tiempo como capital.
Luego llegó la pandemia. Con un modelo que dejó de funcionar en semanas y con apenas meses de caja, la decisión no era menor. Insistir, ajustar o romper.
Optó por lo más difícil.
Cerrar lo construido y rediseñar completamente el negocio hacia un modelo SaaS.
No fue una iteración. Fue un reinicio.
Recortar equipo, redefinir producto, cambiar mercado y ejecutar sin margen de error. Ese momento define más que cualquier crecimiento posterior.
Y vuelve a aparecer su forma de pensar.
“No patees lo difícil. Si algo te va a matar el proyecto, que te lo mate hoy.”
Ese enfoque, radical y altamente efectivo, fue lo que permitió reconstruir.
El nuevo modelo encontró tracción justo cuando el mercado lo exigía. Años después, Apli fue adquirida por un jugador global.
Pero la forma en la que Vera lo explica rompe con la narrativa aspiracional del emprendimiento.
“No sobrevives diez años pensando en vender. Sobrevives porque estás enamorado del problema.”
No construyó para salir. Construyó porque tenía sentido construir.
Si hay una idea que sintetiza su trayectoria, no es tecnología ni crecimiento. Es criterio.
La capacidad de priorizar, decidir y ejecutar bajo incertidumbre. “Es un músculo. Lo construyes tomando decisiones difíciles, no con certeza.”
Esa lógica atraviesa todo. El negocio, el tiempo, la energía. Qué se elimina, qué se automatiza, qué se delega. Y sobre todo, qué no merece atención. Ese mismo principio define hoy su siguiente etapa.
Después de vender su compañía, Vera está volviendo a empezar. Pero desde otro lugar. Hoy no solo es fundadora. Es fundadora técnica. Aprendió a programar, a construir producto directamente y a operar desde la tecnología, no solo desde la estrategia.
“Si puedes construir, no hay límite en lo que puedes crear.”
Su nueva apuesta se centra en uno de los problemas menos entendidos dentro de las organizaciones: la asignación de capital.
“Las empresas no fallan por falta de esfuerzo. Fallan por cómo toman decisiones.”
En un entorno donde todo cambia y donde la inteligencia artificial está redefiniendo industrias completas, esa capacidad se vuelve crítica.
No gana quien más trabaja. Gana quien decide mejor dónde invertir.
En paralelo, hay otra dimensión de su liderazgo que trasciende la operación de negocio. Hoy Vera co-lidera en México 50/50 Women on Boards, una organización global que impulsa una mayor participación de mujeres en consejos de administración. Más que una agenda de representación, el enfoque es elevar el nivel de los órganos de gobierno corporativo a través de diversidad de pensamiento, rigor y mejores decisiones. En ese sentido, su participación no es discursiva, es coherente con su visión de fondo: mejores decisiones construyen mejores empresas y, eventualmente, mejores sistemas.
No espera validación.
“Prefiero pedir perdón que pedir permiso, porque cuando te dan permiso, ya llegaste tarde.”
Y en entornos donde históricamente otros dominan las decisiones, su enfoque no es discursivo. Es preciso.
“No vas a cambiar la opinión de alguien con palabras. La cambias con rigor.”
No busca convencer. Demuestra.
Escuchar a Vera deja una conclusión difícil de ignorar. Su historia no es la de una trayectoria lineal ni la acumulación de logros. Es la de alguien que ha desarrollado una capacidad consistente para moverse en la incertidumbre, adaptarse y decidir con información incompleta. Ese es el verdadero diferenciador.
Porque en mercados complejos, la experiencia deja de ser suficiente. Lo que realmente separa a quienes construyen de quienes observan es su capacidad de elegir bien bajo presión.
Vera no es una excepción. Es una señal de hacia dónde se está moviendo el liderazgo.
Uno donde no gana quien sigue el modelo.
Gana quien entiende cuándo romperlo.
Porque al final, el crecimiento sostenido no es resultado del esfuerzo acumulado.
Es consecuencia de decisiones bien tomadas, una y otra vez.
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